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ALOJAMIENTO EL EUCALIPTO

ALOJAMIENTO EL EUCALIPTO  

Dirección

Término de La Higueruela

Lanjarón (Granada)

Características Precios Fotos Entorno Situación

El municipio de Lanjarón se encuentra ubicado en la ladera suroccidental de Sierra Nevada, justo a caballo entre Las Alpujarras y el Valle de Lecrín.
Precisamente el mencionado hecho geográfico ha traído como consecuencia una curiosa polémica, entre quienes lo incluyen como perteneciente al valle y los que lo relacionan con Las Alpujarras. En parte esto deriva de su cambiante situación administrativa a través de la historia, aunque por encima de otras consideraciones está claro que desde el punto de vista estrictamente geográfico existe una mayor afinidad con la comarca alpujarreña.

En cuanto al poblamiento, y en espera de la excavación y datación de los restos arqueológicos que se hayan localizados, parece que este pudo remontarse al menos al Neolítico, cuando las gentes de la costa ascendieron por los valles de los ríos en busca de pastos para su ganado.
Parecen haberse encontrado también, algunos indicios del paso, e incluso posiblemente del establecimiento de los romanos, atraídos quizás por los yacimientos de hierro del lugar. Quien sabe si fue entonces cuando se introdujo aquí, como en otras muchas zonas, el cultivo del castañar, parte hoy consustancial al paisaje del municipio.

Pero sin duda son los restos medievales, los mas representativos del asentamiento de otras culturas, concretamente la musulmana. En este sentido se conserva fundamentalmente parte de lo que fuera el tortuoso entramado urbano, se dice que de época nazarí, conocido hoy como Barrio Hondillo.
Este se ubica en parte de lo que fue el antiguo barrio del Aceituno, que junto al Cenete y Azocaque formaban este pequeño núcleo que fuera llamado por los musulmanes Al-lan charon, (campo de las fuentes saludables). En cualquier caso, y en espera de previsibles datos que confirmen su antigüedad, nos consta de los devastadores efectos que las sucesivas rebeliones de los moriscos tuvieron sobre el mismo, por lo que presumiblemente el pueblo fuera prácticamente reconstruido durante la repoblación que a finales del siglo XVI ordenase Felipe II.
Un castillo-fortaleza, llamado tradicionalmente “de los Moros”, cuando paradójicamente al parecer fue construido por los castellanos, y datado en el siglo XVI, además de una estructura agrícola que presenta restos y formas de trabajo de clara herencia musulmana, completan el testimonio histórico medieval.
Tampoco podemos olvidar la parroquia de la Encarnación, levantada hacia el 1.500, tras sofocarse la primera rebelión morisca, y sobre lo que fuera una primitiva mezquita musulmana. La actual iglesia, de estilo mudéjar se construyó más tarde sobre los restos de la primitiva, que sería arrasada el 26 de diciembre de 1568, durante una de las más cruentas guerras de las Alpujarras, que duraría cuatro años. Por fin el templo quedaría terminado casi a finales del siglo XVI, (1581).

Con respecto a las comunicaciones, con las que hoy se cuenta, cabe mencionar que la única y obligada salida es la carretera A-348, (antigua C-333), que constituye además el acceso principal a la Alpujarra. De ahí la gran intensidad de tráfico que ha de soportar el pueblo, sobre todo en “picos” coincidentes con días de puentes festivos, fines de semana, y periodos vacacionales.
Sin embargo esta misma situación hace que desde el punto de vista del transporte público la conectividad con la ciudad de Granada sea alta en cuanto a frecuencia, ya que gran parte de las líneas de los autobuses que vienen de la Alpujarra pasan por aquí.
De esta forma hay disponibilidad de viajes desde las 7 h. hasta las 19:45 h., en nueve servicios, lo que no quita que precisamente por proceder de municipios tan distantes como Berja o Ujigar, a veces se vean desbordados, sobre todo si tenemos en cuenta la concentración puntual de viajeros de la “tercera edad” que llegan y marchan en días concretos a través del INSERSO.

Actualmente la estructura urbana del núcleo sigue siendo la misma. Pueblo-calle, que se desarrolló entorno al camino de acceso de la Alpujarra.
Sin embargo, lo que fuera en otro tiempo ventaja locacional se torna hoy en un grave “corsé” ante la saturación de tráfico, con situaciones insufribles, que además coinciden con las jornadas de descanso, lo que las hace aún más lesivas de cara al mantenimiento de esa imagen de tranquilo y apacible pueblo-balneario que es tan necesario mantener.
El resto del entramado urbano se extiende de forma paralela al Norte y Sur de la calles Avenida y Real.
Habría que destacar también, la enorme proliferación de un hábitat disperso, relacionado con la construcción y rehabilitación de viejos cortijos, pero que en conjunto no deja de ser preocupante por cuanto pueda tener de fenómeno incontrolado.
Esto lo vemos sobre todo por la ladera que trepa hacia la sierra, siendo indicador fiable como ningún otro del aumento global en la rentas de los habitantes de la zona.
No obstante este fenómeno hemos también de relacionarlo con los asentamientos “neorrurales”, de ciudadanos procedentes de diversos países de la Unión Europea, que buscan aquí una forma de vida alternativa a la de las grandes ciudades.

Desde el punto de vista de las tipologías constructivas, Lanjarón está determinado por el hecho de ser ya, desde principios de siglo un “pueblo balneario”, y por ello bastante dinámico en cuanto a la construcción de infraestructuras relacionadas con dicha actividad. De ahí que sobre la base de antiguas residencias y hoteles de trazas burguesas historicistas, (neoclásicos, neobarrocos, neomudéjares), puedan verse tanto retoques de mediados de siglo, como obras posteriores totalmente nuevas, por lo que el resultado final carece en muchos casos de unidad estilística y es pues difícilmente definible.
La poca sensibilidad del desarrollísmo, revestido de modernidad mal entendida, acabó también con gran cantidad de elementos que en definitiva formaban parte de la identidad del municipio.

En cuanto a las actividades económicas, por sectores de ocupación, podemos apreciar una clara preponderancia sobre todos ellos, y como no podía ser de otra forma del sector servicios, en torno a establecimientos comerciales y sobre todo al turismo.
En este último, destacar la enorme cantidad de plazas hoteleras, concentradas mayoritariamente en torno a las ofertas de 2 estrellas y de pensiones, aunque también existen mas de un centenar de plazas de 3 estrellas, mientras que paradójicamente se carece en la actualidad de una oferta de camping que responda a una evidente y contrastada demanda.
Destaca sobremanera la enorme proliferación de restaurantes y bares que parecen incluso ir en aumento en los últimos años.
En porcentaje de población ocupada le sigue la agricultura, donde predomina el régimen de tenencia directa, en una evidente estructura en extremo minifundista, y fundamentalmente de tipo familiar, donde el 90 % de las explotaciones son menores a 5 Has.
El resto de la ocupación se divide a partes iguales entre el sector industrial, concentrado fundamentalmente en torno a la embotelladora de agua mineral, y el subsector de la construcción, este último zarandeado por los vaivenes y oscilaciones propias de este tipo de actividad.

Pasando ya ha hacer una rápida valoración relativa a los elementos que han formado parte de este inventario etnográfico caben algunas consideraciones previas.
Este inventario se hace desde una perspectiva eminentemente conservacionista, es por ello que en todos los elementos se sugiere como mínimo su inclusión sistemática en un nivel de protección tan inmediato como pueda ser la normativa municipal, sin contradicción con otras figuras de protección que se estimen convenientes.
Señalar también que indudablemente muchos elementos habrán quedado fuera, lo que a fin de cuentas dice mucho de la riqueza patrimonial de un municipio que quizás injustamente haya sido tachado de “excesivamente transformado”.
Sin embargo hay una enorme cantidad de elementos que se han considerado como parte integrante del “listado de secundarios”, entre ellos destacar las albercas, de las que solo se han mencionado una pequeña parte, así como eras y cortijos, no quiere decirse con ello que las que se quedaron fuera del listado principal no sean dignas de formar parte del mismo, sino que debido a su estado, y sobre todo a su tremenda dispersión geográfica no ha sido posible considerarlas al mismo nivel. Existe en cualquier caso la posibilidad futura de proponer nuevos itinerarios y revalorizar así los lugares o elementos que se estimen convenientes.

En lo que se refiere al patrimonio residencial cabría recordar que al menos el 30 % de las casas de la calle Real se conservan mal que bien, tal y como se encontraban hace un siglo. Esto se evidencia en las forjas de balcones y rejas, molduras de vanos, e incluso en los escudos que delatan un cierto carácter señorial.
Algo parecido ocurre con el barrio Hondillo, en el que aún pueden verse una gran cantidad de tinaos, callejuelas, placetas y portales, que en este caso corresponden con la tipología constructiva popular.
Sin embargo ciertamente en los dos ejemplos citados las transformaciones son evidentes, y en muchos casos con resultados lamentables. No obstante pensamos que con las oportunas medidas de intervención la situación podría al menos encauzarse hacia soluciones capaces de compatibilizar la restauración con la conservación de este patrimonio arquitectónico.
Quizás la solución pase por la captación de subvenciones específicas destinadas a la actuación concreta sobre fachadas de casas señoriales, que de otra forma están condenadas a su desaparición en un muy breve periodo de tiempo.
En el caso del barrio Hondillo, parece ser que se estudia la realización de una actuación integral sobre el mismo, de la cual sin duda suponemos saldrán buenos resultados.

Otro de los factores que consideramos principales en el deterioro del patrimonio, especialmente en el agroindustrial, es su dispersión geográfica. Apostamos aquí por su fortalecimiento y enlace a través de itinerarios y senderos, que además de devolver la razón de ser a veredas y caminos de herradura, sirvan de “excusa” para la restauración, o al menos la consolidación de este abundante legado.

Elementos muy abundantes han sido los cortijos. En este sentido hemos constatado la existencia de dos tipologías bien distintas. Por una parte, aquellos que responden al modelo constructivo alpujarreño, a saber, gruesas tapias de tosca mampostería trabada en el mejor de los casos con mortero de cal, cubiertas con techumbres de launa, muy abundantes, sobre todo por la sierra. Son por lo general pequeños, y su estado actual suele ser el de ruinoso, o bien mantenerse con diversa suerte de reformas a base de chapas de fibrocemento, plásticos, y otros improvisados sistemas de impermeabilización.
Por otro lado tenemos otro tipo de cortijo, sin duda privativo de aquellos propietarios más pudientes, del que curiosamente hay una enorme proliferación en este término municipal. Su tipología es bien distinta. Construido en fábrica de ladrillo macizo, enfoscado, encalado, y con cubierta de teja generalmente a dos aguas. Disfrutan de grandes y abundantes vanos, e incluso balcones en algún caso. También junto a ellos aparecen de manera sistemática en las portadas grandes árboles, ya sean pinos, eucaliptos o palmeras.
Hoy su estado de conservación es bastante desigual, dependiendo de su uso actual, o bien de la “reconversión” que hayan sufrido.
Es precisamente en estos grandes cortijos, dadas sus características específicas, y por que no en algunos de los primeros, para los que planteamos la interesante posibilidad de la rehabilitación y conversión en casas rurales, que queden integradas en una auténtica red coordinada desde un centro de gestión unitario.
Reiteramos de nuevo, la necesidad de constituir una red integral de alojamientos rurales, gestionada desde un centro, considerando además las enormes posibilidades que para este particular ofrece Internet.

Mención aparte merecen los yacimientos arqueológicos, que precisarían en todo caso de excavaciones de urgencia y posterior valoración de resultados. Es por eso que la propuesta de Itinerario Arqueológico, que además se hace a nivel supramunicipal, quedaría pendiente de dicho estudio, y en cualquier caso entendida desde un punto de vista esencialmente didáctico mas que desde su mera consideración como elemento turístico “a explotar”.

Hecha esta salvedad, y en base a distintos criterios se han sugerido una serie de itinerarios. Algunos, de carácter local, por su abundancia en elementos o coherencia interna, y por tanto concretados en torno al municipio. En otros casos como inicio o final de recorridos mas largos a nivel supramunicipal.
Proponemos varios itinerarios, en base a algunos de los elementos identificados como dignos de ser visitados, aunque podrían ser otros, y lógicamente para su puesta en funcionamiento cada uno precisaría de un pequeño proyecto integral específico:

- Itinerario del Agua
- Itinerario de la Arquitectura Popular
- Itinerario de la Arquitectura Señorial
- Itinerario de la Arquitectura Religiosa
- Itinerario Etnográfico
- Itinerario Arqueológico de la Alta Alpujarra


Pasando ya a las propuestas concretas de revalorización patrimonial, partimos de la base de que el municipio cuenta por si solo con potencialidad de atracción suficiente como para no tener que acometer obras de nueva planta de cara a los usos ecoturísticos. Se piensa por tanto sobre todo, en la rehabilitación en la medida en que esto sea posible.
En segundo lugar es nuestra opinión, que los proyectos en este sentido deben ser fruto de una iniciativa endógena y a pequeña escala, no solo por que esto los haría a priori más viables, tanto desde el punto de vista económico, como ecológico, sino porque contribuiría a descentralizar la oferta y a no crear dependencias excesivas.

En esta línea argumental encontramos en los antiguos molinos hidráulicos un importante potencial etnográfico que no debería ser menoscabado.
De más de una docena se constatan restos, si bien ciertamente en lamentable estado de conservación. No obstante en algún caso los hay que aún son recuperables, por lo que sería interesante su aprovechamiento.
A raíz de ahí proponemos la rehabilitación de al menos dos de ellos.
Uno cercano al pueblo, en el que bien podría ubicarse el Museo del Agua, del que consta ya un proyecto bastante madurado por el Ayuntamiento, aunque planteado para otro lugar.
El segundo de los molinos a recuperar, en este caso de cara su conservación tal y como se encontraba cuando estaba activo, sería uno en el río, que a nuestro juicio reúne una serie de condiciones que lo hacen susceptible de ser rescatado de una pronta y segura desaparición.
La última de las propuestas retoma el malogrado proyecto de Museo Etnográfico para el que se rehabilitó un pequeña vivienda en el Barrio Hondillo cuya iniciativa debería sería interesante recuperar.


R.A.M.


 
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